Cinco patios y terrazas, colocados estratégicamente, organizan la vivienda y controlan sus visuales. Las vistas, la luz natural y la privacidad se trabajan conjuntamente hasta el punto de que la casa deja de ser un interior que mira hacia fuera para convertirse, ella misma, en parte del exterior.
Sant Bartomeu del Grau se eleva sobre la meseta del Lluçanès, cerca de los 900 metros de altitud, en un paisaje abierto de sierras y cielo amplio. Construir aquí significa, al mismo tiempo, abrirse a un horizonte extraordinario y protegerse de un clima exigente.
La casa se coloca en la parte superior del solar, situado en la zona más alta de la urbanización, una posición privilegiada que le permite dominar las vistas directas del Pirineo y aislarse de los vecinos más próximos. De planta cuadrada, la vivienda se organiza en planta baja y primera planta: el acceso y el garaje abajo, y todo el programa doméstico en la primera planta, elevada para garantizar las mejores vistas y la máxima privacidad.
La vivienda se configura sin ningún pasillo, en una distribución totalmente abierta donde los espacios fluyen unos hacia otros sin jerarquías ni recorridos residuales.
Esta apertura se fundamenta en la fuerte interrelación con los espacios exteriores: las vistas, la luz natural y la privacidad son los tres materiales del proyecto, los que hacen que la casa se sienta parte del exterior.
Cinco patios y terrazas separan los espacios interiores y controlan sus visuales. Su colocación estratégica abre cada estancia hacia el paisaje, protegiendo al mismo tiempo la intimidad del interior respecto de los vecinos y de la calle.
La casa está construida con sistemas prefabricados y alcanza un consumo energético cero gracias a un aislamiento de altas prestaciones y a la incorporación de energías renovables, una respuesta coherente al clima del Lluçanès.