La casa se organiza alrededor de un gran espacio vertical que conecta todas las plantas y se convierte en el centro de la vida doméstica. La escalera, el patio y una red suspendida forman un único núcleo abierto por el que entran la luz y el sol, marcando el paso de las horas y las estaciones.
La condición de vivienda entre medianeras limita las aperturas laterales y concentra la relación con el exterior en las fachadas de la calle y del patio trasero. El proyecto responde con un gran vacío interior que lleva la luz natural hasta el centro de la casa.
Más que un espacio de circulación, el vacío central es el corazón de la vivienda: la escalera se amplía hasta convertirse en un patio interior vertical, percibido como una estancia más, alrededor del cual se organizan todos los espacios domésticos. Suspendida dentro de este vacío, una red horizontal, nacida de una petición de las hijas de los promotores, lo convierte en un lugar para jugar, leer y descansar desde una posición intermedia entre las plantas.
La luz recorre el espacio vertical a lo largo del día y del año: las sombras se desplazan, la intensidad cambia y la percepción de la casa nunca es exactamente la misma.
La distribución busca la simplicidad: espacios abiertos, luminosos y visualmente conectados, sin gestos innecesarios ni recorridos residuales, que se entienden a partir del vacío central y refuerzan la sensación de amplitud.
Los materiales se presentan sin revestimientos innecesarios: la estructura de hormigón se deja vista en varios puntos de la casa, como acabado y como expresión de los espacios, reforzando la coherencia entre estructura, forma y acabado.
En la parte trasera, la casa se abre a un patio con piscina, construida también con hormigón, y un jardín de grava sobre solera, una prolongación natural de las zonas de día que da a la calle posterior, por donde se produce el acceso de los vehículos.